miércoles, 14 de junio de 2017

Nueva alerta en Ruanda.

Sobre la situación en los Grandes Lagos africanos
y la posible amenaza de crisis humanitaria.

En apenas dos meses -en agosto 2017- van a celebrarse nuevas elecciones en Ruanda y mucho nos tememos el peligro de una nueva crisis humanitaria, y de gran envergadura, si la comunidad internacional mira de nuevo para otro lado.

¿Creen ustedes que hay alguna relación entre las masacres de Ruanda y el saqueo de las riquezas del este del Congo?
¿Conocen la relación causal con los casi 9 millones de muertos silenciados en esta región?
¿Piensan que nuestro país está jugando algún papel en el esclarecimiento de estos hechos? ¿Sabían que es UMOYA y que junto a otras pequeñas organizaciones hemos interpuesto una querella criminal en la Audiencia Nacional?.

Voy a intentar explicar y actualizar lo que está pasando ahora, -23 años después del genocidio que ha supuesto el mayor número de muertos desde la II Guerra Mundial- y también de lo que nos tememos puede pasar, no sin antes recorrer brevemente nuestra particular hemeroteca para poder entender qué está pasando en Ruanda y porqué.

1. En 2005, “ALERTA RUANDA” daba título a un monográfico elaborado por la Federación de comités de solidaridad con el áfrica negra (UMOYA) en 2005, con los que ocasionalmente colaboramos. 16 páginas que pueden leer (y descargar aquí), si quieren entender algunas piezas de este interesado rompecabezas.

2. En 2008 desde La Terca Utopía, ya desmenuzábamos algunas claves de este genocidio:
"Las verdades sobre lo que pasa en el Congo. ¿Y la Comunidad Internacional, para dónde mira?", nos preguntábamos, y desgraciadamente hoy nos seguimos preguntando.

3. En 2010, volvíamos a denunciar en distintos medios que "En Ruanda están pasando cosas muy serias, y en el Congo, más".
Nada más y nada menos que la mayor cifra de muertos tras la II Guerra Mundial- y sin embargo un conflicto bien desconocido.
¿A quién le interesa ocultarlo? ¡Seguíamos preguntando! y,

4. En 2012 retomamos de nuevo en La Terca Utopía que el Congo llevaba 8 millones de muertos, -civiles en su mayoría- y en sólo 18 años y volvíamos a preguntar, quizás como voz que clama en el desierto, ¿Hasta cuándo silenciaremos el genocidio más grande de toda la humanidad? donde incluíamos un Comunicado de Umoya que convendría releer hoy: “¿Hasta cuándo las riquezas naturales del Congo seguirán siendo motivo de maldición para su pueblo?”

Hechos macabros, cifras de horror.
En definitiva lo que vemos es que, desde los años 90, la región africana de los Grandes Lagos sufre cíclicamente catástrofes humanitarias de gran envergadura, debido a esa macabra batalla que se libra por controlar una de las zonas más ricas del planeta en recursos minerales estratégicos. Recordemos sólo algunos datos que avalan lo anterior:

* 300.000 ruandeses muertos de 1990 a 1994.
* 800.000 asesinados en 100 días en el genocidio de abril de 1994 en Ruanda.
* miles de muertos (ni se sabe la cifra) tras la toma del poder del FPR en Ruanda tras el citado genocidio.
* 300.000 refugiados ruandeses masacrados en el Congo entre 1996 y 1997.
* 6 millones de congoleños muertos -desde 1998 hasta 2003- a causa de la invasión del este del Congo por parte de Ruanda, Uganda y Burundi que se dedicaron a expoliar las inmensas riquezas del Congo (no sólo del coltán que es el más conocido).

Durante toda una década, continuaron las masacres ruandesas sobre los poblados congoleños, ya que a partir de 2003, Ruanda, Uganda y Burundi abandonan la invasión del Congo, pero Ruanda mantuvo su presencia militar en terreno congoleño de forma indirecta a través de la creación de grupos rebeldes que se hacían pasar por grupos congoleños, hasta 2013.

En este contexto también cabe destacar el uso por parte de los agresores de la violación de mujeres y niñas congoleñas como arma de guerra, y como medio de corromper el tejido social tradicional congoleño en donde la mujer es un pilar fundamental en las familias.

El presidente Kagame es el responsable.
El denominador común de todas estas crisis, desde los años 90 hasta nuestros días, es la presencia como promotor en todas ellas del actual Presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el círculo más cercano de su partido, el Frente Patriótico Ruandés (FPR). Por otra parte el Presidente de Ruanda recibe gran apoyo internacional porque su país es la puerta de salida de las riquezas saqueadas del este Congo: coltán, oro, diamantes, casiterira, wolframio, germanio, maderas nobles…

El FPR dirigido por Kagame se ha destacado en estos años por su crueldad con la población civil tanto en terreno congoleño como con la propia población ruandesa. En el este del Congo ha llevado una política de provocar huidas en masa en poblados para a continuación ocuparlos con población ruandesa. Es una estrategia de invasión cuyo objetivo es anexionarse los dos Kivus congoleños, por ser una de las zonas más ricas del planeta en recursos minerales de gran valor (por eso ha masacrado poblaciones enteras, enterrado a gente viva en fosas comunes, quemado poblados,…).

A nivel internacional todo esto es ocultado.
Kagame goza de impunidad y protección mantenidos por parte de grandes grupos de poder vinculados a las materias primas estratégicas que saquea del Congo.

¿Y España qué pinta en esto?
Pues resulta que precisamente nuestro país, no por sus políticos, ni por los diferentes gobiernos precisamente, tiene un protagonismo especial en este conflicto por lo que ahora contaré.

En el año 2005 un grupo de pequeñas organizaciones españolas y ruandesas presentamos una querella criminal en la Audiencia Nacional Española por haber asesinado el FPR a 9 cooperantes españoles testigos de estos hechos. En el año 2008 el juez Don Fernando Andreu Merelles emitió un auto de conclusiones por el que imputaba los crímenes de genocidio, contra la humanidad, terrorismo y otros muchos al general Kagame y a la cúpula militar del FPR. Emitió órdenes de búsqueda y captura internacional contra 40 altos mandos del FPR, todos en ejercicio. Y sobre el general Kagame concluía que era el máximo responsable, pero estaba protegido por su inmunidad presidencial.

A nivel internacional, solamente el TPIR (Tribunal Penal Internacional para Ruanda) ha investigado una parte de estos crímenes, concretamente sólo los cometidos en Ruanda en el breve periodo de abril a junio de 1994 (los 100 días del genocidio ruandés en el que los asesinados fueron 800.000), y en ningún caso los cometidos por el FPR antes, durante o después de este período. Por lo tanto, la Audiencia Nacional española es hoy el único tribunal del mundo que tiene abierta una investigación de amplio espectro sobre estos crímenes (de 1990 a 2002 excluyendo el período de los 100 días), y en concreto la única que está investigando los crímenes del FPR.

¿Por qué es importante 
la causa de la 
Audiencia Nacional?
   Primero, porque nunca podrá esperarse una vida libre de tensiones sociales en la región si sólo se reconoce la existencia de los muertos de una parte, los muertos tutsi, los muertos de los vencedores; mientras que la otra parte de las víctimas (los muertos hutu ruandeses y los congoleños) son ignoradas.
Nótese que aún hoy, en Ruanda, está perseguido por ley sólo el comentar que ha habido genocidio de hutus.
   En segundo lugar, es también importante esta causa de la A.N. porque puede convertirse en una herramienta internacional de gran valor para hacer justicia en la región; una herramienta que proporcione la base jurídica para enfrentarse al fuerte apoyo internacional que el Presidente Kagame recibe, y una herramienta que desvele que, tras la falsa imagen de presidente modelo en África que algunos están fabricando, hay oculta una dictadura terrible y prolífera de conflictos en la región.
   Y en tercer lugar, es importante esta causa porque si se demuestra quién es realmente el Presidente Kagame, se podrá dar paso al fin del saqueo impune de las riquezas del este del Congo manchadas de sangre, y se dejaría de usar a Kagame como puerta de salida de las mismas.

¿Hacia una nueva 
crisis humanitaria?
La vida dentro de Ruanda está dominada por el pánico. La tensión social es tremenda. En estos momentos es importante prestar atención a lo que está sucediendo en Ruanda porque hay elecciones presidenciales en agosto. La oposición política al FPR se ha organizado tanto de dentro del país como en la diáspora y hasta ahora todos han sufrido represión. Algunos han sido asesinados y otros llevan años encarcelados.

La tensión social dentro del país es muy importante y ante las elecciones podría estallar una nueva crisis humanitaria que nos haga recordar lo sucedido en 1994. Esperemos que la comunidad internacional no mire esta vez para otro lado, haya observadores internacionales y se garantice la libre concurrencia de esos otros ruandeses que quieren acabar con esto por la vía de la paz y no por la lucha armada, que hasta ahora ha sido la única manera de querer acabar con estos ciclos de guerras, porque ésa no es la salida.


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martes, 23 de mayo de 2017

Militantes socialistas que -cual mujer enamorada del pájaro que sabe que la engaña-, necesitan creerle y deciden volver con "El Rey Destronado"

Hace mas de 2 meses publicaba en éste mismo blog la entrada titulada
"No me creo a Pedro Sánchez. 
Cuando pudo, nada hizo".
Y con muy pocos matices sigo firmando lo allí escrito.

Entiendo la necesidad de un partido casi hundido y sin propósito de enmienda de hacer algo, de creer en alguien y claro que mejor era un Pedro Sánchez que una Susana Díaz.

Y entiendo a gran parte de militantes socialistas que haga lo que haga su partido se morirán socialistas, lo cual no dudo. Pero su PSOE hace tiempo que dejo de ser socialista.

No sé si creer en el Plán maléfico que Issac Rosa publica hoy en elDiario.es bajo el título "La conspiración oculta tras la victoria de Sánchez: toda la verdad", que sin duda recomiendo leer aquí y según el cual se habría puesto en práctica "ése cuento del rey destronado, que regresa triunfal apoyado por el pueblo, es una carambola imprevista que el PSOE podría aprovechar tras tanto tiempo ciego y sordo". No sé si tanto. Pero jugada hubo y ahora los militantes quieren comprarla antes que apoyar cualquier cosa con Podemos.

Pero en cualquier caso sigo sin creerme a Pedro Sánchez por mucho que prometa ahora, por muy de izquierdas que quiera presentarse y por mucha Internacional que cante después de titubear un momento. Y es que yo no olvido, como hace la mayoría de militantes socialistas que cual mujer enamorada del pájaro que sabe que la engaña, decide creerle y volver con él. Yo no.


Reproduzco casi integramente lo escrito entonces de lo que no me apeo y gustoso escucharé las opiniones en otro sentido.


Cuando pudo hacer muchas cosas de las que ahora promete, no lo hizo, cuando abogó por el "No es No", en la práctica se abstuvo.
¿Ya olvidaron cuando Pedro Sánchez defendía la reforma del art. 135 de la Constitución, llegando incluso a rectificar al Zapatero de entonces?

Y, ¿tampoco recuerdan que con PS el 26-J, el PSOE tuvo el peor resultado electoral de su historia con apenas 85 escaños, posteriores a los 90 con los que el diciembre anterior ya tocaron suelo?.

Fernando Berlín decía en marzo que tenía muchas dudas con Pedro Sánchez y que le reconocía ser un superviviente, pero yo no me lo creo. Su discurso ahora si es más de izquierdas pero promesas siempre hizo y de muchas de las que luego se desdijo. Pedro Sánchez hubiera pactado hasta con el PP, y como comparte tantas cosas con el partido de la corrupción y de los recortes –como después demostraré- no tuvo problema en pactar con Ciudadanos para alejar la única posibilidad de cambio real en España, que venía de la mano de PODEMOS. Además ¿por qué no hizo todo lo que ahora pía cuando pudo?
Como bien reza el dicho popular
Prometer hasta meter, y una vez metido, nada de lo prometido

Justo cuando también salieron tramas en las que ellos participaron en buena medida, vino entonces, y viene ahora con un discurso que gusta oír a l@s socialistas tan indignados con la deriva de su partido como lo estábamos quienes en su día abarrotábamos las plazas del 15M. Por eso él si llenó los mítines en la segunda oportunidad con el nuevo mantra “SI es SI”.
Pero no, yo no me lo creo y entiendo que en su partido quieran buscar a alguien que salve al PSOE de la debacle que se avecina una vez más. Claro que es mejor que Susana, pero ¿por qué la gente socialista de verdad tiene que elegir entre Guatemala y Guatepeor?
Hoy dicen en el PSOE que quieren derogar la misma Ley Mordaza que ellos firmaron ¿? Pues así hace PS en casi todo. Hagamos un poco de memoria.

Aún recuerdo los discursos de PS contra los desahucios, las puertas giratorias y por la laicidad hace hoy justo 2 años, cuando hasta en 4 ocasiones votaron en contra de la dación en pago retroactiva; recuerdo que prometió denunciar el concordato con la Santa Sede, y como siempre de boquilla y recuerdo lo que dijo de eliminar las puertas giratorias y semanas después defendió que Telefónica

fichara a Trinidad Jiménez; recuerdo cuando en septiembre declaraba con rotundidad que no se planteaba dimitir y que seguiría hasta el final a pesar de lo que dijera la ejecutiva federal, y recuerdo el “No es No”, que luego con la comedia incluida de la renuncia a su acta de diputado contó como una abstención; recuerdo cuando dijo que se reunió con los partidos independentistas catalanes para configurar una alternativa a Rajoy y el desmentido de Tardá dejándolo por mentiroso; recuerdo sus críticas al CETA y al TTIP, esos tratados que facilitarían la privatización de los servicios públicos entre otras perversiones, y cómo sus diputados votaron a favor renunciando a la tradición socialista para abrazar nuevamente el neoliberalismo más ramplón; y recuerdo su emocionada renuncia a su acta de diputado, no sé si real o fingida y no sé, que no me lo creí ni antes, ni me lo creo ahora…

 
¿Recordamos un poco más? ¿Se acuerdan cuando Eduardo Madina quiso renovar el PSOE de Rubalcaba desde posiciones más socialdemócratas y cómo entonces los barones del más retrógrado aparato con Felipe González, Bono y Susana Díaz a la cabeza buscaron al guapo de PS? Y ahora resulta que ¿ése guapo va a ser quien intente reconstruir el PSOE por la izquierda?
Y ¿se acuerdan que después el propio Madina se alineaba con el PSOE de Felipe y Susana para liquidar a PS?¡! Mira quien quiera que os compre, pero ya hace tiempo que se os hizo de noche.

En definitiva, que no me creo a Pedro Sánchez ni aunque echara unas lagrimicas como en su desfenestración, y además, llega tarde. Sin duda es obvio que prefiero un PSOE con PS que el de Susana Díaz, ¡toma claro!
Y también antes uno con Pérez Tapias que con él…, pero que no, que ya no cuela. ¡Qué poca memoria cuando queremos! Que el cambio para la mayoría de la gente sufriente en este país no vendrá de su mano, ni del partido ¿socialista?, esté quien esté.
Allá cada quien con su conciencia.
Por eso termino recordando "el silencio de los buenos” de Martin Luther King. Feliz semana.


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domingo, 9 de abril de 2017

Sobre Ms. Iniesta, JM Castillo, el silencio de los obispos, la crisis y la estafa.

Aprovechando el recuerdo de mi paisano ALBERTO INIESTA,
a quien tuve el honor de entrevistar
para VIDA NUEVA,
de escribir sobre él,
en éste mismo blog,
y de recibir una dedicatoria
de sus "Papeles Prohibidos",
mi hermano en la Fe
y en las CCP,
JOSÉ Mª CASTILLO, repasa,
sin pelos en la lengua,
la Iglesia que Iniesta quiso
y que nosotros necesitamos.

No es mi costumbre publicar en
LA TERCA UTOPÍA, escritos de otros, salvo cuando éstos no son publicados en los medios, pero me parece tan valiente y tan claro Castillo (como siempre) que no me resisto a comentar y reproducir su escrito aparecido en Redes Cristianas, Web  de la que soy humilde participante.

Y es que José Mª Castillo,
ése gran "teólogo sin censura" y amigo que, pese a ser demonizado o silenciado por la Jerarquía (sin conseguirlo por cierto),
nos hace este recuerdo
de Monseñor Iniesta
justo en un momento en el que
nos damos cuenta de que
LA CRISIS va disminuyendo, 
pero LA ESTAFA no disminuye.

Y, lo peor del caso es que como dice textualmente Castillo "no pocos de nuestros OBISPOS dan la impresión de que o no se enteran de la estafa que estamos soportando; o (lo que sería más grave) se enteran, pero, más allá de algunas exhortaciones superficiales y genéricas, con las que algunos prelados despachan un asunto de tanta gravedad, las preocupaciones apostólicas de tales pastores – al menos por lo que dicen – parece que se centran en los temas en los que ponen mayor énfasis: 
el sexo, la identidad de género, la homofobia, el poder y los privilegios de la Iglesia, aunque estas cosas no se digan nunca así, tal como son y tal como suenan".

Enfin que como me parece un documento algo extenso pero muy iluminador, os lo recomiendo en este enlace y como un blog permite cualquier extensión, lo reproduzco a continuación porque no tiene desperdicio.

Salud y República en el día del 40 aniversario de la legalización del PCE

GRACIAS HERMANO

1. Alberto Iniesta
Alberto Iniesta ha sido, sin duda ni exageración, uno de los hombres más ejemplares que hemos tenido en España, en nuestra reciente historia del siglo XX. Su proyecto de la Asamblea de Vallecas, en marzo de 1975, cuando estaba agonizando la dictadura franquista en nuestro país, fue una intuición que se adelantó a los sueños de democracia, que, con dudas e indecisiones, los políticos y los clérigos de aquellos años gestionaron, en la transición que desembocó en la Constitución del 78.
Dicho en pocas palabras, la Asamblea de Vallecas fue, no sólo un “proyecto de Iglesia”. Además de eso, fue un “proyecto de sociedad”. Una sociedad en la que el pueblo toma la palabra. Y toma, sobre todo, la capacidad de decidir. Para resolver los problemas más graves que nos afectan a todos los ciudadanos. Sobre todo, los problemas que nos impiden ser ciudadanos libres, que viven en una sociedad igualitaria y justa.
Conocí a Alberto Iniesta en abril de 1971. En aquel abril, antes de la “Asamblea Conjunta Obispos-Sacerdotes”, se celebró en Ginebra un Encuentro de los Consejos Presbiterales de Europa, en el que participaron más de doscientos sacerdotes. La representación española, presidida por el entonces obispo de Málaga, Angel Suquía, estaba compuesta por un grupo de sacerdotes, entre los que estábamos Alberto Iniesta y yo. Y precisamente a Iniesta y a mí se nos encargó hacer y presentar la ponencia sobre la Iglesia que estábamos necesitando. Un trabajo que tuvimos que hacer en pocos días. Fue entonces cuando quedé impresionado por la genialidad, la humanidad y la profunda espiritualidad de Alberto Iniesta. Un hombre que sólo quería el bien de la Iglesia, para bien de la sociedad.
Así las cosas, lo que más me impresionó, en mis muchas horas de convivencia y conversación con Alberto Iniesta, en Madrid, en Ginebra, en octubre de 1971 (en Roma), en el Sínodo Mundial de Obispos, cuyo tema fue el “sacerdocio” y “la justicia en el mundo”, lo que más me impresionó – repito – fue la convicción más firme, que tenía Alberto Iniesta: la Iglesia necesita, de forma apremiante, una reforma a fondo. No se trata de una “reforma doctrinal”, sino de una “reforma de vida”, en la “gestión del gobierno” y en la “participación del pueblo” en la toma de decisiones.
Como era de esperar – y de temer –, ni el sistema religioso del Vaticano, ni el sistema político de Franco, podían permitir el planteamiento pastoral, participativo y democrático de Iniesta. En consecuencia, sucedió lo que era de temer. A última hora, en vísperas de la Asamblea de Vallecas, de Roma vino la prohibición de darle a la Iglesia aquel nuevo giro, que era el primer paso de una reforma y una renovación a fondo, no sólo de la Iglesia, sino igualmente de la sociedad 1. Además, todo aquello se ejecutó de la forma más tajante y (yo añadiría que también) más cruel que se podía ejecutar. Alberto Iniesta fue llamado urgentemente a Roma. Y – por lo que después se pudo saber -, a Iniesta, no sólo se le prohibió, de forma terminante, la celebración de la Asamblea, sino que además el bueno de Alberto fue (y se sintió) ofendido y humillado por el Cardenal Prefecto de la Congregación de Obispos. Ofendido y humillado hasta el extremo de verse hundido e incapacitado, durante años, en un monasterio cisterciense, a donde se retiró para superar su profunda depresión. Hasta que ya, en edad de jubilación, regresó a su diócesis de origen, Albacete, para terminar sus días en paz, estudio y oración.
2. La Iglesia que necesitamos: volvamos al origen
¿Qué Iglesia quiso Alberto Iniesta? ¿Por qué la Iglesia, que quiso Alberto Iniesta, resultó ser intolerable, absolutamente inaceptable, para el sistema político de una dictadura y para el sistema religioso del Vaticano?
La respuesta fácil, convencional, que tienen estas preguntas, es conocida. Y es, por eso, la respuesta que siempre damos. La Iglesia, que se buscaba mediante la Asamblea de Vallecas, en marzo de 1975, no cabía, no pudo caber o encajar en el régimen dictatorial del franquismo, ni en el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica. Por eso, aquello tuvo el final que tuvo. El fracaso de un proyecto que muchos añoramos.
¿Es posible en este momento volver a intentarlo? Hay que hacerlo. Pero va a necesitar tiempo y paciencia. Después de 30 años, bloqueando la renovación que inició el Vaticano II, la Iglesia está viviendo una situación de desconcierto. ¿Por qué este desconcierto? Cuando tenemos un papa, Francisco, que quiere limpiar el papado de la pompa y el hieratismo que nunca quiso Jesús, el boato y la mentira que condena el Evangelio, en esta situación, un sector señalado del episcopado, en lugar de alegrarse y unirse al papa Francisco, lo que están haciendo quienes se han vinculado a ese sector de cardenales, obispos y clérigos es poner dificultades al papa. Y así, aumentar el desconcierto en determinados sectores de la Iglesia.
¿Qué hacer, estando así las cosas? Vamos a ir derechamente al origen. Y a lo más original de la Iglesia. Todo comenzó, como sabemos, con el anuncio, que realizó Jesús, de la “Buena Noticia”, es decir, la llegada del Reinado de Dios 2. Es verdad que quien fundó y gobernó las primeras “asambleas” cristianas (“ekklesiai”) fue Pablo. Pero también es verdad que, si Pablo pudo fundar y gobernar aquellas “iglesias”, lo hizo porque antes que él y su experiencia en el camino de Damasco, había existido Jesús de Nazaret, su mensaje, su forma de vida y su muerte en una cruz.
3. La “fe” y el “seguimiento”
Si el origen primitivo de la Iglesia se analiza detenidamente, lo que llama la atención, en este proceso incipiente de “fundación” de la Iglesia, es que los evangelios (especialmente los sinópticos) no ponen en, el centro de este origen primero de la Iglesia, la “fe” (“pistis”, “pisteuo”) de los discípulos de Jesús, sino el “seguimiento” (“akoloutheo”) que aquellos discípulos aceptaron para compartir su vida con la vida que llevó Jesús. Baste pensar que, en los evangelios sinópticos, mientras que la fe se elogia 36 veces, del seguimiento de Jesús se habla 56 veces. O sea, el “seguimiento” aparece 20 veces más que la “fe”.
Pero lo importante no es la cantidad de veces que se menciona la fe o el seguimiento. Lo elocuente, en este asunto capital, es la significación relevante que los relatos evangélicos le dan al seguimiento de Jesús. Y lo que ese seguimiento representa en la vida. En efecto, según los sinópticos, cuando Jesús empezó a reunir el primer grupo de discípulos y las primeras multitudes de gente, que se iban con él y le escuchaban, en ningún relato se dice que Jesús les propusiera el tema de la fe, como pregunta, como exigencia, como condición para estar con él, para vivir el proyecto que él les presentaba. Y menos aún. En ninguna parte dicen los evangelios que la fe fuera la condición para estar con Jesús o para ser discípulo suyo.
Esto necesita alguna explicación. En los evangelios sinópticos, se habla de la fe en los relatos de curaciones, cuando Jesús resuelve las situaciones de sufrimiento de enfermos o personas excluidas. A estas personas, Jesús les dice siempre lo mismo: “tu fe te ha salvado”, es decir, “tu fe te ha curado”. Es le fe-confianza, la fe de quienes se fían de Jesús, viendo en él la solución del sufrimiento de este mundo. Y es importante caer en la cuenta de que esto es así, según los evangelios, incluso en los casos de personas que, sin duda, tenían otra religión y otras creencias, como ocurrió con el centurión romano (Mt 8, 5, 13 par), con la curación de la mujer cananea (Mc 7, 24-30 par) y en la sanación del leproso galileo (Lc 17, 11-19) 3.
Sin embargo – y en contraste con lo que acabo de indicar -, lo que la teología no ha tenido debidamente en cuenta es que, cuando los evangelios afrontan el problema fundamental de quienes pueden o no pueden estar con Jesús, la clave de la respuesta a este problema es el “seguimiento” de Jesús, tanto para los “discípulos” (Mc 1, 16-20; Mt 4, 12, 17; Lc 4, 14-15), como para el “pueblo” (“óchlos”) (Mt 4, 25; 8, 1). Por eso, lo primero que hizo Jesús fue llamar a los discípulos al seguimiento (Mc 1, 16-20; Mt 4, 12-17; Lc 5, 11; cf. Jn 1, 37-43). Jesús no empezó por pedir a aquellos hombres una “profesión de fe” o la aceptación de un “credo”. No. Lo primero fue una palabra: “sígueme”.
Ahora bien, si esto efectivamente es así, queda patente lo que con tanta lucidez dijo Juan Bautista Metz: “Sólo siguiendo a Cristo saben los cristianos a quién se han confiado y quién los salva”. Lo que, a su vez, significa algo que es mucho más fuerte: “El saber cristológico no se constituye ni se transmite primariamente mediante conceptos, sino en los relatos de seguimiento” 4. Esto significa algo que seguramente jamás hemos pensado: a Jesús y su Evangelio, no lo conocemos – ni nos relacionamos con él – mediante creencias o actos religiosos, sino siguiendo a Jesús. Es decir, a Jesús lo conocemos en la medida en que abandonamos todo lo que sea necesario abandonar, para poder compartir la forma de vivir, las convicciones y el proyecto de vida de Jesús. Baste recordar que, según los evangelios, Jesús sólo pronuncia una palabra: “Sígueme” (“akolouthei moi”) (Mc 2, 14 par). Esto es todo (Bonhoeffer). Es lo que le dijo Jesús a un “publicano”, un pecador, un hombre de vida escandalosa. Un hombre al que Jesús no le preguntó si “creía” o “no creía”. Ni “en qué creía”. Ni si “se arrepentía” de su mala vida. A Jesús, por lo visto, no le interesaba nada de eso que tanto les suele interesar a los confesores, a los predicadores.
Pero hay más. Cuando Jesús llama a alguien para que le siga, Jesús no propone “para qué” llama, ni presenta un determinado “proyecto”, un “ideal”, un “programa” de vida, unas “condiciones” 5. Incluso algo más fuerte: según los relatos de las llamadas al “seguimiento” (Mt 8, 21-22; Lc 9, 59-60; Mc 10, 17-22; Mt 19, 16-22; Lc 18, 18-23), Jesús exige el “despojo total”. O sea, “abandonar toda seguridad” o condiciones de seguridad en la vida: ni familia, ni dinero, ni trabajo fijo, ni vivienda, ni despedirse de la propia familia, ni siquiera enterrar al propio padre (Mt 8, 22) 6.
¿Significa esto que ser cristiano (o pertenecer a la Iglesia) equivale a convertirse en un “carismático itinerante”? ¿Tiene que ser la Iglesia “un movimiento de auto-marginados”? 7. Quienes intentamos seguir a Jesús, por eso mismo, ¿no tenemos más remedio que vivir según las pautas de una “conducta desviada”? 8. ¿Esto es posible y recomendable?
4. Jesús solo, como “seguridad”
Aquí tocamos la cuestión capital. No sólo para entender el Evangelio. Además de eso, para entender la Iglesia. Me explico: Es evidente que lo que Jesús exige, cuando le dice al que pretende ser creyente: “Sígueme”, en realidad lo que le dice es que abandone su casa, su familia, su trabajo, su dinero, sus observancias religiosas (hasta la cima de tales observancias, el entierro del propio padre). Y todo esto, sin ofrecerle, al que es llamado, ni un programa, ni un proyecto, ni una misión, ni unas condiciones, nada. ¿Qué significa esto? ¿Es esto razonable o realizable? Si somos consecuentes con la llamada de Jesús a “seguirle”, sólo una cosa queda en pie, en la vida del que es llamado: “Jesús solo”. Y esto, ¿qué significa y qué representa?
Lo que está aquí en juego es el problema de la “seguridad” en la vida. Sin pensarlo, tantas veces; sin darnos cuenta de lo que más nos angustia y más deseamos, en el fondo, siempre tenemos planteado el problema de nuestra seguridad en la vida. La casa, la familia, el dinero, la profesión, el prestigio, la salud, el estatus social, la institución a la que pertenecemos, la política, el derecho, la economía, las relaciones que mantenemos con los demás, la religión…. Todo eso es un conjunto de cosas tan importantes, porque nos dan seguridad en la vida. O, si no tenemos esas cosas, nos sentimos en la inseguridad y en la soledad. Esto nos suena a patético, por el miedo que nos provoca.
Esto supuesto, la insistencia de Jesús en el llamamiento a “seguirle” nos viene a decir que CREEMOS EN JESÚS SI PONEMOS SÓLO EN JESÚS NUESTRA SEGURIDAD. En definitiva, si ponemos nuestra absoluta “seguridad (Sicherheit) y alivio” (Geborgenheit) 9 en la convicción de que estamos con Jesús, vivimos con él y como él. Porque sólo cuando nuestra vida se proyecta así, entonces es CUANDO SOMOS VERDADERAMENTE LIBRES. Y es que, en el fondo, el problema que nos plantea el Evangelio es el problema de la libertad. Por esto Jesús insiste en la libertad ante la familia, ante el poder, ante el dinero, ante la religión. Jesús insiste en la libertad en estas situaciones y ante estas realidades, no porque estas cosas – como es lógico – sean malas, sino porque estas cosas tienen tanta presencia y tanta fuerza en nuestra vida, que nos limitan o hasta nos privan de la libertad.
5. El fondo del problema
Estamos tocando el fondo del problema más grave y más apremiante, que tiene que afrontar la Iglesia. Es el problema que era patente cuando Alberto Iniesta convocó la Asamblea de Vallecas. Y bien sabemos la dura respuesta que Iniesta tuvo que soportar, tanto del poder político, como del poder religioso. ¿Por qué ambos poderes son tan brutalmente intolerantes en situaciones como la que presentó Alberto Iniesta?
Porque, para los poderes que dominan y sostienen el sistema que nos rige, es determinante mantener la desigualdad. Una desigualdad que potencian, mantienen o consienten los poderes económicos, los poderes políticos, los poderes jurídicos y los poderes religiosos. De ahí, entre otras cosas, los “silencios sociales” 10, que mantienen estos poderes en las cuestiones más determinantes de las desigualdades. Todos estos poderes están inter-determinados de tal forma que, para que sigan funcionando con la eficacia que a ellos les interesa, esa eficacia no se consigue sino a base de producir y potenciar las desigualdades. Sean cuales sean las teorías, que cada cual tenga o defienda, para mantener los intereses de los que mandan, no hay más remedio que mantener las desigualdades económicas, políticas, jurídicas y religiosas. Por ejemplo, en economía: casi la mitad de la riqueza mundial está en manos solo del 1 por ciento de la población. En política, la cosa resulta patente cuando es un hecho que el hombre políticamente más poderoso del mundo es Donald Trump. En derecho-justicia, no hay que dar muchas explicaciones después de lo que estamos viendo y viviendo en España con motivo del comportamiento de determinados tribunales y sus jueces, de acuerdo con lo que les permite el vigente derecho penal o procesal.
En religión, lo más fuerte es la violencia, el terrorismo, y en la Iglesia católica, el vigente Código de Derecho Canónico, que arrastra la violencia totalitaria del medievo hasta los tiempos actuales, cuando ya nos gloriamos de vivir en la “tercera Ilustración”.
Pues bien, estando así las cosas, todo esto nos ha llevado hasta una situación, que seguramente no podíamos imaginar: cuando hemos alcanzado el progreso tecnológico y científico más elevado, ahora precisamente es cuando vivimos en el mundo más inseguro. Estamos destrozando el planeta Tierra, estamos matando o dejando que se mueran millones de seres humanos cada año, hemos multiplicado el sufrimiento en el mundo, nos sentimos amenazados por incontables peligros, son ya demasiados los jóvenes que se ven sin futuro, los países más ricos levantan muros de separación, etc, etc…..
La consecuencia, que inevitablemente se ha seguido de este estado de cosas, es que a todos nosotros – seguramente sin que nos demos cuenta de lo que nos pasa – nos han invadido dos experiencias paralizantes y destructivas: la inseguridad y el miedo. Casi nadie habla de esto a fondo. Casi nadie se atreve a pensar en serio lo que vive en su más secreta intimidad. Pero sospecho que la inseguridad y el miedo son el peso y la carga que todos llevamos a cuestas. Y son la causa inconfesable de “los silencios sociales y otras artimañas” con las que, no sólo los poderosos nos ocultan la realidad, sino igualmente con las que los débiles nos escapamos de complicaciones y así perpetuamos la situación de sufrimiento en que vivimos.
6. La Iglesia que queremos y necesitamos
Ahora se comprende mejor la Iglesia que queremos y la Iglesia que necesitamos. He explicado cómo nació el primer germen de la Iglesia. Y en los evangelios consta que los relatos del origen de la Iglesia son relatos de llamadas al seguimiento de Jesús. Esto quiere decir que el “seguimiento” de Jesús es constitutivo del ser mismo de la Iglesia. Como es igualmente constitutivo de la cristología. Por otra parte, sabemos que lo que destacan los relatos de “seguimiento” es la llamada al despojo de los soportes fundamentales que nos dan seguridad: dinero, familia, trabajo, instalación, estatus social, religión. Jesús pidió a aquellos hombres – los primeros apóstoles – el “despojo total”. No por motivos de “ascética”, como lo interpretaron los monjes a partir del siglo tercero. Menos aún, por el “desprecio del mundo” y de todo lo que nos produce felicidad y disfrute de la vida, como lo entendió la espiritualidad medieval. No para obtener la paz personal e interior, el “Dharma”, según la tradición budista laica 11.
Lo que Jesús vio como específico y determinante, para la Iglesia y para los cristianos, es la superación del miedo y la inseguridad. Porque solamente así, podremos integrar en nuestras vidas el “proyecto de vida” que llevó Jesús y nos exigió Jesús, si es que queremos de verdad hacer presente el Evangelio en nuestra sociedad. Y nunca tendríamos que olvidar los creyentes en Cristo que, por trazar el camino que supera el miedo y la inseguridad, “Jesús aceptó la función más baja que una sociedad puede adjudicar: la de delincuente ejecutado” 12. Sin duda, a esto se refería Jesús cuando les dijo, no solo a sus discípulos, sino “a todos” (Lc 9, 23): “Si uno quiere venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga” (Mc 8, 34; Mt 16, 24; Lc 9, 23). Hoy no es posible interpretar estas palabras de Jesús como un llamamiento “para vivir en los márgenes” 13 de la vida y de la sociedad. Seguir a Jesús es cargar con su cruz. Pero, ¿qué significa esto y qué es lo que exige?
En la sociedad de la “corrupción” y la “desigualdad”, que genera el “miedo” y la “inseguridad”, seguir a Jesús, creer en Jesús, vivir en la Iglesia, no es una exigencia de heroísmos y singularidades que nos empujarían a tener que andar, como una especie de fugitivos, por los márgenes de la vida, como excluidos sociales. No se trata de eso. La exigencia de Jesús es enteramente razonable. Es lo que tendría que ser lo común para todo ciudadano. Estamos hablando sencillamente de “ser ciudadanos honrados y honestos, que cumplen con sus obligaciones cívicas y, si es que en algo los cristianos se diferencian de los demás, tendría que ser por su sensibilidad ante el sufrimiento y la desigualdad que impone el desorden establecido”.
7. La Iglesia como factor de cambio
La Iglesia “que queremos y necesitamos” es la gran Comunidad de creyentes en Jesús, que produce este proyecto de vida, lo cultiva, lo fomenta, lo mantiene. Pero aquí lo que importa es entender bien lo que queremos decir cuando hablamos de “la gran Comunidad”.
Es evidente que, en los evangelios, la presencia y la importancia de los “Doce” (“discípulos” o “apóstoles”) se destaca en la vida y en el proyecto de Jesús. Pero, tan cierto como eso, es que, en la Antigüedad Tardía (en los primeros siglos de la Iglesia), el cristianismo fue un factor de cambio decisivo. Un cambio, no sólo religioso, sino también social. Además, esto se realizó no sólo por la doctrina que enseñaban los obispos, sino sobre todo por la forma de vida que llevaron los cristianos, en la crisis del Imperio ya ante de Constantino (s. IV) 14. ¿En qué y por qué fue el cristianismo “factor de cambio”?
“Durante el siglo II e incluso el III, el cristianismo aún era en gran parte (aunque con algunas excepciones) un ejército de desheredados” 15. Pero también es cierto que el cristianismo, además de sus promesas para la otra vida y sus prácticas religiosas, poseía un sentido comunitario más fuerte que todo cuanto ofrecían los otros grupos mistéricos de aquel tiempo, sobre todo “por la forma común de vida, como acertadamente advirtió Celso” 16. Sabemos con seguridad que, en aquellos tiempos de miseria, escasez y hambre, la Iglesia ofrecía todo lo necesario para constituir una especie de seguridad social: cuidaba de huérfanos y viudas, atendía a los ancianos, a los incapacitados y a los que carecían de medios de vida 17. Y, más que nada, ofrecía un sentimiento de grupo que el cristianismo de entonces estaba en condiciones de fomentar. La Iglesia consistía, sobre todo, en comunidades de acogida en las que la gente se sentía protegida por derechos que la sociedad no le ofrecía.
Hoy, cuando nos estamos dando cuenta de que se puede salir de la “crisis” económica, manteniendo a grandes sectores de la población en la “estafa” cruel de los que se ven hundidos en lo más bajo de la desigualdad, comprendemos mejor lo que explico admirablemente el profesor E. R. Dodds. Me refiero al horror del sentimiento de desamparo que puede experimentar cualquier ser humano en medio de sus semejantes. Debieron ser muchos los que experimentaron este desamparo, en la Antigüedad Tardía: los bárbaros urbanizados, los campesinos llegados a las ciudades en busca de trabajo, los soldados licenciados, los rentistas arruinados por la inflación y los esclavos manumitidos. Para todas estas gentes, el entrar a formar parte de la comunidad cristiana debía ser el único medio de conservar el respeto hacia sí mismos y de dar a su propia vida algún sentido. Y es que dentro de la comunidad cristiana se experimentaba el calor humano y se tenía la prueba de que alguien se interesaba por nosotros, en este mundo y en el otro 18.
Por esto, exactamente por esto, el cristianismo fue un agente decisivo de transformación de la cultura y de la sociedad. Los historiadores mejor documentados lo han dicho sin rodeos, al explicar lo que representó “la caída del Imperio Romano”: “el cristianismo fue en cierto sentido una fuerza igualadora y promotora de una progresiva democratización. Insistía en que todo el mundo, con independencia de cuál fuera su posición económica o social, tenía un alma y un valor parejo en el drama cósmico de la salvación, y algunos de los textos evangélicos sugerían incluso que las riquezas de este mundo podían constituir un obstáculo para la salvación” 19.
La Iglesia que humanizó el Imperio, hasta que ella misma se dejó corromper por la fuerza perversa de los poderes, las riquezas y los privilegios, esa Iglesia que queremos y necesitamos, fue la gran Comunidad que igualaba al pueblo, a la sociedad, a los ciudadanos. La Iglesia de los que no se daban por satisfechos con la fe cristiana, sino que, junto a la fe y por la fuerza de aquella fe, vivían el seguimiento que Jesús exigió a los apóstoles, a los discípulos y al pueblo en general, según los numerosos relatos evangélicos que nos han conservado esta “memoria peligrosa”, que nos resistimos a recordar. Y, sobre todo, la memoria que no soportamos actualizar, hacerla viva y presente en esta Iglesia nuestra de hoy.
8. Conclusión
Mi conclusión es clara. Hay dos maneras de entender la Iglesia y de vivir en ella. La Iglesia de la “sumisión” y la Iglesia de la “necesidad”. ¿Qué significan estas dos maneras de entender y vivir la Iglesia? Cuando lo importante y decisivo en la Iglesia es el “poder” de los que mandan, la Iglesia no tiene más remedio que ser la Iglesia de la “sumisión”. Cuando lo importante y decisivo en la Iglesia es el “sufrimiento” del mundo y en el mundo, la Iglesia no tiene más remedio que ser la Iglesia de la “necesidad”.
La Iglesia del “poder”, somete a sus fieles. Eso es lo principal para ella. Y utiliza los grandes temas de la Teología para someter: la fe, los sacramentos, la muerte, el infierno, la moral, la predicación. la liturgia, el derecho canónico, la catequesis, la espiritualidad, todo sirve y es eficaz para tener a la gente sumisa. Y el gobierno eclesiástico es un gran ejercicio de sumisión. Se somete el pensamiento y la capacidad de pensar, se somete la voluntad y la capacidad de decidir, se premia al sumiso, se castiga al desobediente. Y todo el gobierno de la Iglesia se organiza según este imponente tinglado de poder y sumisión.
La Iglesia de la “necesidad”, se afana, trabaja, lucha, por lo que más necesita la gente: palpar y vivir que todos, siendo “diferentes” en los hechos patentes que vemos y tocamos, sim embargo todos somos “iguales” en dignidad y derechos. Porque la Iglesia no se gestó, ni nació, del poder, sino que se gestó y nació del Evangelio. El Evangelio en el que leemos que lo más importante, para Jesús, no fue mantener e imponer su poder, sino remediar el sufrimiento, responder a lo que más necesita la gente, que es aliviar, remediar, suprimir sus muchos sufrimientos. Por esto, Jesús curó a los enfermos, perdonó a los pecadores, alivió el yugo que nos impone este mundo y sus leyes, no obligó nunca a nada, ni exigió obediencia a nadie.
Sobre eta base, nació la Iglesia. Y desde esta base, Jesús nos enseñó, no sólo ni principalmente la importancia de la fe, sino, junto a la fe y antes que la fe, el seguimiento de Jesús. Por eso, la “Iglesia de la sumisión” produce esclavos. Mientras que la “Iglesia de la necesidad” produce personas libres. Teniendo siempre en cuenta que solamente las personas verdaderamente libres pueden superar y vencer el miedo y la inseguridad. Las dos grandes ataduras que nos impiden ser agentes de cambio en esta sociedad nuestra, la sociedad de la crisis y la estafa. Lo que nos empuja constantemente a los “silencios sociales” cómplices, que perpetúan el sufrimiento que estamos soportando; y el que les espera a las generaciones que vendrán después de nosotros. A no ser que nos empeñemos, con el poder del Espíritu y la luz del Evangelio, en recuperar la capacidad de factor de cambio que caracteriza a la Iglesia de Jesús, el Mesías, el Señor.


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jueves, 19 de enero de 2017

Mentiras y cuentos: Otra perversión de la política.

Tres ejemplos del 
cinismo gubernamental 
y del de sus socios.

En la época de los
“Poetas en el Exilio”
y de los cantautores comprometidos,
León Felipe escribía,
en su libro
Llamadme publicano”,
el poema
Sé todos los cuentos”.

Me gustaría que hoy se releyera en clave actual,
porque
desafortunadamente
hoy:
* siguen inventando todos los cuentos (No queremos que hayan desahucios en España),
* continúan meciéndonos con cuentos (lucharemos contra la pobreza energética, para que no falte la luz en ningún hogar),
* siguen ahogándonos con cuentos (subiremos el SMI y las pensiones para que la gente pueda vivir con dignidad),
* continúan enterrándonos con cuentos (como los tristemente mezclados del Yak-42 o los miles que aún quedan en las cunetas de España) y
* siguen durmiéndonos con cuentos (ya estamos saliendo de la crisis y seguimos la senda de la recuperación).
Y yo me pregunto,
¿Cómo aún hay 15 millones de personas que apoyan a nuestros mentirosos verdugos?,
¿acaso no nos sabemos ya todos los cuentos?

Una nueva forma de perversión de la política es la que están practicando ora el bipartidismo PP-PSOE, ora el tripartito moderno C´s-PP-PSOE. Es la mentira descarada, la invención de noticias para influir, el ocultamiento de la verdadera realidad y la impunidad de los malhechores de cuello blanco. Esta semana compartía ante amig@s de movimientos sociales en los que participo, los tres últimos engaños que además nos venden como óptimos pactos cuando en realidad encubren los privilegios de los de siempre. Los recuerdo y comparto:

1. La subida del SMI. Todos los partidos -menos el PP- votaron hace unos meses, una propuesta de Unidos Podemos para subir el SMI a 900€ en 2018 y 800€ este año, pero al final el PSOE y el PP pactaron 700€, y nos lo vendieron –tanto el obligado gobierno como sus actuales cómplices- como un gran acuerdo que piensa en la ciudadanía frente a los que sólo quieren romper España. Y claro, la gente se lo cree, una muy grande aún parte de este país les compra el cuento.

2. Los cortes de gas y luz. También Unidos Podemos presentaron en el Parlamente la 1ª Ley que incluía atajar la pobreza energética y evitar los cortes de luz y gas ya desde este invierno, La Ley 25. Al final y tras las muertes de éste recrudecido invierno, el PSOE y el PP pactan una ley que ya veremos cómo sale, pero que aplicarían cuando pase el invierno. Con ella la española de Reus hubiera muerto igual y también la rumana de ayer en Albacete. Eso sí, nos venden su magnífico pacto para que la gente no pase frío como la solución de los del orden, de los que no quieren romper España, de los constitucionalistas… donde no están los malos, los radicales, los que quieren desestabilizar el sistema… y lo malo de todo es que la gente les compra sus cuentos.

3. Las cláusulas suelo.
Cuando las PAH y las asociaciones de consumidores de éste país logramos por la lucha y mas de 5 años en las calles, que Europa nos dé otra vez la razón y declare ilegales los gastos de las hipotecas, las clausulas suelo y las cláusulas y gastos abusivos en las mismas, llegan los listos del barrio, el nuevo tripartito del sistema y nos anuncian un gran pacto para que a la gente les devuelvan los bancos lo que les han robado; y nos venden a bombo y platillo un más que dudoso “Acuerdo extrajudicial” por el que supuestamente los bancos devolverán lo ya sentenciado como robado a 1.400.000 afectados, cuando lo cierto es que siguen defendiendo a los bancos a quienes les conceden la potestad –eso no nos lo dicen- de comunicarnos si corresponde o no la devolución a cada usuario. Por supuesto la gente estará encantada de la celeridad con la que los trileros actúan de nuevo Y les comprarán el cuento, acusándonos de ir contra la gente a quienes cuestionamos la medida. Un nuevo cuento que colará.

Y mientras tanto casi todos los medios, con la proyección amplificadora de las tertulias de chichinabo vendiendo la propaganda de sus amos, ya demonizando a los profetas que nos advierten, como hace a diario la razón (vean si no la de hoy), ya bufoneando esperpentos como los de Rojo, Inda o Marhuenda. El NO-DO actual es más pernicioso que el del franquismo porque hoy la gente se cree todos los cuentos.

Y como recordaba Malcom-X se identifica con el maltratador y se aleja de quienes el sistema señala como radicales cuando son los únicos que pueden parar esto, si la complicidad social cambia de bando. Maldigo el silencio de las buenas personas, que diría Luther King y declaro que yo ya me cansé de tanto cuento, porque como Felipe, ya me sé todos los cuentos.

Qué pena que hasta en ciertos colectivos sociales en los que participo, como en mi propia organización local de Stop Desahucios, cuando explicas estas cosas te dicen que no hablemos de política y vayamos a lo nuestro. Pero yo pregunto, ¿Hasta cuándo vamos a dejar de hablar de política? ¿Acaso podemos estar apagando incendios, -paralizando desahucios- mientras a nivel político no se aprueba una Ley antidesahucios? Y sobre todo, ¿hasta cuándo vamos a seguir votando a los responsables de la penosa situación que tenemos hoy?

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
"Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre... ha inventado todos los cuentos.


Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido
con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

LEÓN FELIPE

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viernes, 13 de enero de 2017

Sobre la Opacidad Fiscal Episcopal, las cruces y las casillas del IRPF

Mucho hemos escrito sobre laicidad, concordato, fiscalidad, IBI, casillas del IRPF y demás privilegios de la Iglesia Católica en España.
La Terca Utopía es una hemeroteca donde pueden leerse esos escritos: Quiero que mi iglesia pague el IBI,
Y dale con las cruces,
Revisión del concordato ¡Ya! Por la denuncia del Concordato del 53 y de los Acuerdos con la Santa Sede del 79, Apostando por la Laicidad ….

Ahora, a unos meses de empezar con la Declaración de la Renta 2017, ha surgido el viejo debate de las ingentes sumas que se lleva la ICAR de los PGE y sobre todo la opacidad de lo que ella entiende como transparencia y que siempre estuvo a la pésima altura de las otras dos intocables instituciones en España -Ejército y Corona-, también denunciadas.

Desde diversas organizaciones sociales en las que participo y también gente amiga, me piden unas palabras más sobre éste delicado tema que con mucho gusto escribo. No sin antes contextualizarlas desde mi inseparable y triple condición desde donde las digo:

1. Como “ciudadano”, ACTIVISTA de diversos movimientos sociales;
2. Como “creyente”, miembro de la llamada IGLESIA DE BASE y
3. Como “político”, responsable de Laicidad y Libertad de Conciencia de PODEMOS.

Nuestro discurso sobre el tema
no ha cambiado nada. Ni siquiera cuando -como ahora-, nos situamos desde los nuevos paradigmas modernos más en clave posteísta, postreligional y postsecular. Porque desde ellos hay tres exigencias que deberían ser innegociables en un estado aconfesional:

1. No es de recibo ni se puede mantener de ninguna manera la financiación con fondos públicos de las confesiones religiosas. Hasta la ICAR se comprometió a autofinanciarse en el plazo de tres años desde que se firmaron los acuerdos entre El Estado Español y la Santa Sede.
2. No es de recibo mantener la asignación tributaria a la Iglesia Católica (ni aunque se pusieran a las otras religiones) y por tanto hay que eliminar todas las casillas en la declaración del IRPF (también la de Fines Sociales); y
3. No es de recibo que en pleno siglo XXI sigan vigentes los Acuerdos Concordatarios de 1979 firmados por el Estado español con la Santa Sede que deben ser derogados ya! Ítem más porque son la base jurídica que permite mantener los privilegios actuales a la iglesia así como su opacidad fiscal.
Dicho esto sobrarían más elucubraciones porque creo que queda clara la postura. Y es que al final el problema ya no es que, quienes nos confesemos creyentes autoricemos al estado a entregar una aportación de mis impuestos a la Iglesia, sino que éste “donativo” no sale de los impuestos de quienes marcan “religiosamente” una o las 2 casillas, sino de la suma total recaudada (que además está pactada y no importa cuánta gente ponga la cruz) y por tanto de la aportación de católicos, ateos, agnósticos o creyentes de otras religiones, cosa que, con una secularización social actual de más del 60% y una altísima falta de credibilidad –según los últimos CIS-, es a todas luces injusto.

Para saber más:

Yo también quiero que mi Iglesia pague el IBI.
Y dale con las cruces.
Revisión del concordato ¡Ya!
Apostando por la Laicidad.
La transparente opacidad de la Iglesia española.


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