jueves, 6 de agosto de 2015

Con el debido respeto, yo le pregunto, Papa Francisco

Yo, que ya sabía que sigo formando parte de la iglesia, por muy pecador que haya sido, le agradezco que ahora sea Su Santidad quien me lo ratifique formalmente. Pero dígame Ud. Papa Francisco si, llegado el caso, yo me podría casar de nuevo por la Iglesia con el quasi herético historial que arrastro.

Le cuento:
Casado en el 85 y amancebado en el 93,
inicio una nueva convivencia en pareja en el 95; me divorcio en el 97
y me vuelvo a casar en el 2001,
(incluso con celebración del Amor incluida, en una pequeña comunidad Cristiana); enviudo de la mejor relación de mi vida en el 2014 y como no tengo remedio, ni propósito de enmienda, aún he tenido tiempo de enamorarme, de alguien más que de la vida, ¿cree Ud que si me volviera a casar seguiría en la ICAR de pleno derecho?, ¿Me afectará también esa amnistía de excomunión que pesaba sobre mí?, ¿Me negaría la comunión algún funcionario eclesial que conociera mi historial?

Bueno, fuera de bromas, aunque la historia pueda parecer un farol, les aseguro que es real y autobiográfica. Y aunque pareciera que pretendo ofender al Santo Padre, mi respeto más absoluto y mi admiración ya han quedado probados en mis anteriores escritos (Ver en este mismo blog) reconociendo su trascendental aporte a la Iglesia, frente a anteriores pontífices y en unos tiempos en los que la credibilidad de la misma anda casi a la altura de la política.

Ayer, en su tradicional audiencia general, Jorge Bergoglio afirmó que los divorciados que hemos vuelto a tener pareja, no estamos excomulgados, “como algunos piensan", sino que formamos parte siempre de la Iglesia, incluso, remarcó “aunque inicien una nueva convivencia, siguen formando parte de la Iglesia”.


Yo no sé, si como se plantean hoy algunos medios, este Papa ha abierto el melón del divorcio, pero lo que no cabe duda es que actúa, una vez más, con sentido común, reconociendo unas realidades que sólo unos locos tridentinos aún podían mantener. Un buen mensaje, en definitiva que refuta la doctrina actual vigente (no olvidemos que según ella, quienes se divorcian, contradicen el sacramento del matrimonio y, por tanto, quedan excomulgados) y avisa a navegantes de cara al próximo Sínodo de la Familia, que como se sabe, tendrá lugar en octubre de este mismo año, dos meses antes del 50 Aniversario del Concilio Vaticano II.

Estoy seguro que esa caterva de retrógrados que antes eran “más papistas que el papa” empezaran a criticarlo de nuevo recordando frases de la Iglesia como “Lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre”, la “excomunio latae sententiae”, o hasta publicando soflamas como las de los cardenales que enlazamos mas abajo. Pero lo cierto y verdad es que si la iglesia actual no se adecúa a los signos de los tiempos y continúa con viejos dogmas y arcaicas zarandajas como estas, difícilmente habrá credibilidad, misión o evangelización, porque directamente no habrá fieles.

Bienvenida sea esta nueva declaración, porque siempre trabajé por una escuela/sociedad/Iglesia inclusiva y no excluyente, en las que quepamos todas las personas que queramos hacerlo. Que siga el ejemplo y la refundación. AMÉN.

Para saber más:

TEXTO COMPLETO de la catequesis del Papa en castellano en INFOVATICANA.COM:


LA CARA: Texto que SI recomendamos: Rehacer la vida. Divorcio, acogida y comunión. Un libreto (Cuaderno n° 192 de CiJ. ) en el que 4 teólogos, a partir de diferentes argumentos biblícos, teológicos y eclesiológicos, confluyen hacia la necesidad de una aplicación del principio de misericordia en el caso de los divorciados vueltos a casar que, sin menoscabar el valor de la indisolubilidad matrimonial, de a la acogida y la comunión una mayor centralidad.


LA CRUZ: Libro que NO recomendamos: “Permanecer en la verdad de Cristo. Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica” de los cardenales Brandmüller, Burke, Caffarra, De Paolis, Dodaro, Mankowski, Rist, Vasil y Müller, este último, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el que demuestran cómo, examinando los textos bíblicos fundamentales y recurriendo a las fuentes patrísticas, no es posible invocar sic et simpliciter la «tolerancia» —defendida por Kasper— para reconocer la facultad de acceder al sacramento de la Eucaristía por parte de quienes han contraído matrimonio civil tras el divorcio.

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