jueves, 20 de junio de 2013

La Iglesia colombiana contra el matrimonio igualitario. ¿Será para contrarrestar las presiones del lobby Gay Vaticano denunciado por el Papa?

Este viernes 21 de junio en Colombia, país en el que me encuentro en la actualidad, entra en vigor la legalización o formalización de las uniones civiles de parejas LGTBI, después de que en el mes de marzo pasado, el congreso colombiano rechazara el “matrimonio igualitario” que así se llamaba acá.

No sé si finalmente se le denominará Unión Civil Solemne o algo por el estilo, pero lo cierto es que el gobierno del señor Santos, ocupado mas con meter a su país en la OTAN y hacer méritos para su reelección, no dice ni mú pese a la sentencia favorable del constitucional, no vaya a ser que la iglesia se moleste. Y claro está ésta, aunque me pese, se dedica a despotricar contra las “aberraciones” que pretenden cometer esos Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales o Intersexuales que según el Arzobispo bogotano, Cardenal Salazar Gómez “no tienen derecho ni al matrimonio, ni a la adopción, ni a la familia” (SIC).
¡Vamos como en Francia o en España!, sin ir mas lejos. Y al igual que aquí/allí, es la iglesia la que no dice ni mú ante las enormes desigualdades del país, ante las conculcaciones de los DDHH, ante las agresiones flagrantes a sindicalistas y defensores de los derechos humanos, ante los falsos positivos, ante los casos de espionaje, ante la violencia de paramilitares, ejercito, bandas armadas, ante las impresionantes cifras de desplazados o ante la generalizada extorsión del narcotráfico. Aquí parece ser que como allá, el único problema son los matrimonios Gays y otras cuestiones morales por el estilo. ¡Qué mundo!
Y hablo de despotricar porque ¿Cómo se puede llamar a unas declaraciones -que leo ayer en Tiempo y en el Espectador- en las que este impresentable se erige en juez para negar a la comunidad LGBTI sus derechos, y que porque nunca los habían tenido? No me lo invento: "El argumento que siempre se ha esgrimido es el de la discriminación, pero se discrimina cuando se le niega el acceso a un derecho que se tiene, pero cuando no hay un derecho real entonces no hay discriminación".



Claro que tampoco se quedó ahí esta joya de jerarca que involuciona mas que envejece, ya que como el congreso si ha permitido a los Notarios y a los Juzgados que registren cuantas uniones civiles solemnes lo requieran, el Cardenal acaba de hacer un llamamiento a la objeción de conciencia con el fin de que los Notarios no se vean obligados a “formalizar estas uniones” pese a que a partir de hoy las parejas Gays tienen derecho a formalizar ese vínculo contractual y pese a que este procedimiento ya está reglamentado y publicitado por la Superintendencia de Notariado y Registro.
No me resisto a entresacar 3 frases de la Sentencia C-577 de la Corte Constitucional de Colombia donde se declara que: “Las parejas homosexuales tienen derecho a decidir si constituyen la familia de acuerdo con un régimen que les ofrezca mayor protección que la que pudiera brindarles una unión de hecho”, que “No existen razones jurídicas para decir que entre las parejas homosexuales no cabe predicar el afecto, el respeto y la solidaridad que inspiran su proyecto de vida en común, con vocación de permanencia” y que “La protección a las parejas homosexuales no puede quedar limitada a los aspectos patrimoniales de su unión permanente, porque hay un componente afectivo y emocional que alienta su convivencia y que se traduce en solidaridad, manifestaciones de afecto y socorro”. ¿Esto no es derecho ni jurisprudencia?

Como bien denunciaba mi amigo y Licenciado en Teología y Sociología, Héctor Alfonso Torres Rojas, “en esa lógica cardenalicia, habría que quitarle los derechos que nunca tuvieron antes a diferentes sectores sociales como la clase obrera, los pueblos indígenas, las mujeres, las negritudes (que vuelva la esclavitud), la juventud, la niñez...”.
De su carta UTOPÍAS recojo algunos ejemplos que demuestran los silencios eclesiales de los que hablamos y que no son muy diferentes a los de sus homónimos a estos lados del océano:
* ¿Ante la siempre creciente corrupción de los políticos, de los congresistas, de las altas cortes, han hecho declaraciones claras, directas y precisas, cuando Colombia es un país con altísima inequidad en los salarios?
*¿Ante la imposición de la locomotora minera que está destruyendo la Madre Tierra y el Medio Ambiente y las enormes ventajas que da el Estado a las multinacionales que se llevan una inmensa parte de la riqueza de las colombianas y de los colombianos, han tomado una posición crítica y profética?
* ¿Ante la avalancha de productos importados por los grandes beneficios que se han dado a los TLCs, que destruyen la producción nacional y deja a miles de personas en el desempleo (como denunciaron recientemente cafeteros y papero), han llamado la atención al Gobierno y al Congreso?
* ¿Ante la permanente pérdida de los derechos laborales, han dicho una palabra fuerte? ¿Saben que muchas empresas han impuesto extenuantes jornadas laborales de 10 y más horas sin pagar horas extras? ¿Que esas empresas no cumplen con la legislación laboral? ¿Han salido a defender a los trabajadores de carne y hueso? Las pastorales sociales han hecho estudios? Si los hay, ¿para qué han servido?



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