lunes, 4 de febrero de 2013

No deberían esperar respeto por parte de quienes no quieren ser sus súbditos


Los poderosos quieren esclavos y vasallos. No se lo pongamos tan fácil.

Me llega por correo una buena reflexión sobre la crisis actual, su equívoco planteamiento de salida (austeridad y recortes) y la responsabilidad del sistema capitalista como el culpable de la desigualdad social (Ellos dicen que claramente extensiva a quienes sostienen, defienden y toleran este sistema).
Este grupo de profesionales de los Servicios Sociales en Castilla-La Mancha -Colectivo VEGA-, tras tanta barbarie contra los servicios sociales básicos en CLM están tratando de concienciar y denunciar un tema que al final cambiará el modelo del estado del bienestar por viejos tiempos ya vividos y se unieron en las 5 provincias manchegas para defender el Sistema Público de Servicios Sociales de nuestra región de una manera directa y clara.

Como quiera que me envían la reflexión con el permiso para difundirla y dado que no la he visto publicada aún en ningún medio (fuera de su grupo de facebook) aquí la reproduzco gustoso esperando pueda aportar algunas luces, hacer reflexionar y movilizar un poco más a nuestra conciudadanía, que falta hace. Bienvenid@s.

DIGNIDAD Y RESPETO
Viendo la sucesión de dirigentes políticos que han ido tomando las decisiones claves en España y en Castilla-La Mancha desde que estos son elegidos por los ciudadanos y ciudadanas; viendo cómo el paso del tiempo (no ha hecho falta mucho) ha puesto a cada uno en su lugar; viendo que incluso ya ni siquiera son capaces de guardar las formas públicamente y muestran con total descaro su desprecio por las personas que no consideran de su clase, de su casta dominante, no deberían esperar respeto por parte de quienes no quieren ser sus súbditos.

Dignidad y respeto. Estas son algunas de las cosas más importantes que debemos mantener en estos tiempos donde las Administraciones Públicas tienden al abuso de los ciudadanos en lugar de defenderles y garantizar sus más elementales derechos.

Cuentan, además, con muchos, demasiados funcionarios que, asumiendo funciones de capataces, están dispuestos a dar la cara por quien de manera ilegítima empobrece cada vez más a sus vecinos a cambio, en ocasiones, de derechos convertidos en privilegios y que a estas alturas ya sólo consisten en la promesa de permanecer en las mismas condiciones o empeorarlas a un ritmo menor que el de sus vecinos.
Dignidad es pelear por lo que es justo y no sólo por lo que es mío.

Quieren vernos sin la dignidad suficiente como para exigir a las distintas administraciones un trabajo digno, con contrato, condiciones que permitan tener vida familiar y social y salario suficiente como para vivir sin tener que acudir a diferentes ayudas (ya prácticamente inexistentes, por cierto) y tener una vivienda igualmente digna y suficiente para la unidad familiar.

Nos quieren quitar el derecho a decidir sobre cualquier cuestión de nuestra vida dependiendo de si tenemos o no dinero suficiente. Nos lo quieren cambiar por su imposición a decirnos qué podemos o no hacer, en función de la utilidad que tengamos o no para los objetivos de los poderosos. Esto, ni es digno, ni es mostrar el más mínimo respeto por las personas que no disponen de rentas altas, muy altas. Y si ellos no lo tienen, ¿por qué hemos de tenérselo nosotros?; ¿hay que agachar la cabeza al paso de los dirigentes responsables de las medidas que nos intentan someter o debemos alzar la cabeza y señalar a los culpables de que nuestra vida sea cada vez peor para que la suya sea cada vez mejor? Una opción es digna, la otra indigna. Una opción implica respeto por uno mismo y la otra ni eso.

Pretenden que quienes no tienen trabajo pidan algo para comer y pagar el recibo de la empresa eléctrica privada de turno (privatizada) antes de que les corten el suministro; que quienes no pueden asumir ni un solo gasto extra en medicinas porque su pensión ya no da para enchufar un aparato eléctrico porque esa misma compañía (antes pública) ya le ha cortado la luz varias veces, vea como solución pedir las ayudas que, en forma de limosna, gestionan las organizaciones de voluntarios más o menos cristianos.
Comer y recibir comida cuando no se tiene es digno, pero solicitar comida en lugar de trabajo no lo es. Y a eso es a lo que quieren acostumbrarnos. La gente mira en la televisión las limosnas que se reparten en cajas llenas de alimentos o platos de comida caliente y piensa: “mira a cuanta gente están ayudando”. La única forma de ayudar a la gente es que cada persona pueda acceder a un trabajo o reciba una pensión suficiente como para cubrir por si mismo todas sus necesidades, también las necesidades sociales y culturales. Eso es digno. Esa es una forma de respetar realmente a los ciudadanos y ciudadanas, una forma de ejercer la justicia social que tanto reclamamos. Lo contrario es someter, aborregar, esclavizar. Los poderosos quieren esclavos y vasallos. No se lo pongamos tan fácil.
Colectivo VEGA. Castilla-La Mancha, 4 de febrero de 2013



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