martes, 7 de agosto de 2012

"Urge cristianizar la sociedad" decía Escrivá de Balaguer (Opus Dei) y aplican los obispos (CEE) hoy.


Recibo de mi buen amigo Juanjo Tamayo un artículo tan acertado
(no es que el resto de lo que hace no lo sea),
tan adecuado al momento y con el que estoy tan de acuerdo,
que me gustaría compartirlo con quienes siguen mi blog,
dado que según San Google, solo se ha publicado en
el Periódico de Cataluña con el título
Cristianizar a la sociedad:
La Conferencia Episcopal quiere revertir la secularización ejemplar que se ha producido en España
”,
pero que parece ser hay que estar suscrito para poder leerlo completo.

Como estoy seguro que a él no le importará,
aunque no le haya pedido permiso,
pues además de dejar clara su plena autoría,
cito la fuente en la que ya se ha publicado,
os lo ofrezco completo –con su título original-
para quien pueda interesar,
no sin antes hacer una pequeña y curiosa reflexión que me surge
cuando al buscar si dicho artículo estaba ya publicado,
me he encontrado con esta joya del año 2000 publicada en la web del Opus Dei,
seguramente inspiradora de nuestros obispos actuales.

Su titular muy parecido al que nos ocupa, era:
“Urge cristianizar la sociedad”
y su pequeño texto, al parecer escrito por el hoy ya “Santo”, José Mª Escrivá de Balaguer, dice textualmente:
“No nos ha creado el Señor para construir aquí una Ciudad definitiva, porque este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar. Sin embargo, los hijos de Dios no debemos desentendernos de las actividades terrenas, en las que nos coloca Dios para santificarlas, para impregnarlas de nuestra fe bendita, la única que trae verdadera paz, alegría auténtica a las almas y a los distintos ambientes. Esta ha sido mi predicación constante desde 1928: urge cristianizar la sociedad; llevar a todos los estratos de esta humanidad nuestra el sentido sobrenatural, de modo que unos y otros nos empeñemos en elevar al orden de la gracia el quehacer diario, la profesión u oficio. De esta forma, todas las ocupaciones humanas se iluminan con una esperanza nueva, que trasciende el tiempo y la caducidad de lo mundano. (Amigos de Dios, 210)”

Está muy claro en donde se inspira nuestra jerarquía de la CEE (si leemos al fundador del Opus, en lugar de hacerlo, como sugiere Tamayo del Vaticano II), y así nos va: según las encuestas del CIS con una Iglesia tan desacreditada como la clase política.

Os dejo sin más con las reflexiones del Director de la cátedra de Teología de la Universidad Carlos III, Juan José Tamayo:

HACIA LA CRISTIANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA
El Corán es el libro sagrado del islam. La Biblia es el libro revelado de los judíos. El Evangelio es el texto fundante del cristianismo. ¿Qué pensaríamos si los líderes musulmanes pusieran en marcha una campaña de coranización de la sociedad española en la que vinculasen directamente la religión con la política, identificasen la ley islámica con el derecho civil y fundamentasen la ética civil en la moral islámica? ¿Qué pensaríamos si los judíos iniciasen una campaña de difusión de la Biblia hebrea y de conversión al judaísmo en la sociedad española? Las tendríamos por una provocación y una falta de respeto a la libertad ideológica y religiosa de la gente. Consideraríamos ambas campañas como una operación de proselitismo religioso tendente a la islamización y a la judaización de la sociedad española. Y estaríamos en lo cierto. Sería un despropósito y un anacronismo.

Pues bien, ese despropósito y ese anacronismo, esa falta de respeto a la libertad religiosa e ideológica, es lo que pretende llevar o a cabo la Conferencia Episcopal Española (CEE) con su campaña de nueva evangelización de la sociedad. Insatisfecha como está con el proceso de secularización, que interpreta como una agresión a las creencias; incómoda como se encuentra en la democracia porque ve mermada su injerencia en la vida política, disconforme con la separación Iglesia-Estado, lo que pretende, en el fondo, es cristianizar la sociedad española. Y como no puede hacerlo en su conjunto volviendo al modelo de cristiandad, lo hace por áreas y sectores.
Empieza por la juventud, de cuyos problemas e inquietudes está totalmente alejada y a la que quiere reconquistar, con escaso éxito, a través de puestas en escena espectaculares como la Jornada Mundial de la Juventud. De poco le ha servido, porque los jóvenes se distancian cada vez más de un cristianismo cultual y represivo como el ofrecido por el Papa en dicha jornada. Sigue con la familia, que la CEE ve amenazada de disolución por la legalización del divorcio y el matrimonio homosexual, y busca llevarla al redil del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer a través de las celebraciones masivas de la Sagrada Familia en la plaza madrileña de Colón cada último domingo del año, así como de la Jornada Mundial de la Familia del 2006 con el escandaloso desvío de sumas importantes de dinero a la trama Gürtel.
Luego viene la escuela, que cristianiza por medio de los idearios en los centros docentes de titularidad católica, de la clase de religión católica y de la confesionalización de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Tras la escuela viene la cristianización de la universidad con la creación de universidades católicas y el mantenimiento de las capillas y la realización de actividades de culto. La voluntad confesional alcanza a varios medios de comunicación, que transmiten, reproducen y legitiman las tendencias más conservadoras, tanto políticas como religiosas, y pretenden influir en la opinión pública a veces con mensajes desestabilizadores de la propia democracia.
La cristianización de la sociedad comporta, en la mentalidad episcopal, la imposición de una moral cargada de prohibiciones en materia afectiva y sexual, así como en las relaciones de pareja. Una moral que hace infelices a los seres humanos y en la que el pecado se convierte en delito.
Con esta intencionalidad cristianizadora, los obispos pretenden revertir el proceso de secularización que reconoce la autonomía de las realidades temporales de toda tutela religiosa. Un proceso, a mi juicio, ejemplar, que ha supuesto la apelación a la conciencia personal y el desarrollo de una ética cívica laica, y que se ha llevado a cabo con escrupuloso respeto hacia las creencias y las prácticas de las personas y comunidades religiosas. Por lo que conozco, la sociedad española es una de las más secularizadas de Europa, y, a la vez, cuenta con la jerarquía más conservadora del Viejo Continente.


Hay, con todo, otra forma de entender la evangelización como oferta de sentido humanizador y buena noticia de liberación de las personas, los grupos humanos, pueblos y continentes enteros más vulnerables y empobrecidos. Es la idea de evangelización que puso en marcha el concilio Vaticano II y que llevaron a cabo el episcopado latinoamericano en las conferencias de Medellín (1968), Puebla de los Ángeles (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007), los teólogos y teólogas de la liberación, las comunidades de base y Cristianos por el Socialismo, que vinculan Evangelio y liberación, cristianismo y promoción humana, esperanza cristiana y utopías históricas, opción por los pobres y lucha contra la pobreza.
La CEE camina en dirección contraria a la historia. Demuestra insolidaridad ante la crisis, sobre la que guarda silencio porque a ella no le afecta, ya que vive instalada cómodamente en un sistema de privilegios. Quiere convertir a la sociedad española al cristianismo pero sin predicar con el ejemplo. Ese es su modelo de evangelización. El fracaso está asegurado. ¡Cuántas energías desperdiciadas!


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