sábado, 30 de octubre de 2010

Hoy, que hace 100 años nació el poeta del pueblo, enterramos a la viva historia del compromiso.


Si, amigas y amigos, que piruetas nos muestra el destino en este fatídico 30 de octubre de 2010. Hoy hace justo un siglo nacía en Orihuela, “su pueblo y el mio”, Miguel Hernández, y en este mismo 30 de octubre despedimos a Marcelino Camacho en las CCOO de Madrid. Un destino que debería suponer que toda España les recordara por un deber de amor, de justicia y de reconocimiento. Al uno, el poeta que desapareció en la ignominia, para hacerlo presente y restituir su memoria, y al otro, para intentar continuar su labor, estando, como el estuvo, al lado de los suyos, con los trabajadores y trabajadoras de este país a quien este gobierno quiere arrebatarle día a día sus derechos logrados año a año.
Estando de viaje como estoy con las comunidades cristianas populares, también aquí recordaremos su vida y porque creemos en la resurrección, le seguiremos viendo “en cada brazo que se alza para defender al pueblo del dominio explotador”.
Os dejo, sin tiempo para más, un breve párrafo de la nota que ha hecho pública mi organización, y la reflexión de un bloguero amigo cuyas palabras suscribo de cabo a rabo.
“En estos tiempos de “flexibilidad” e incertidumbre para los trabajadores y
trabajadoras, el ejemplo sólido y al tiempo amable de Marcelino Camacho supone una
referencia clara. Las lecciones de un Marcelino siempre en lucha al lado de los suyos,deberían ser un acicate para todos los continuadores de su labor. Desde Izquierda Unida hacemos nuestras las palabras de Marcelino y decimos también, "ni nos
domaron, ni nos doblaron ni nos van a domesticar".


La dignidad y la entrega


Hay una poca gente, muy poca, cuya muerte genera una dura tristeza compatible con la alegría. Pocas cosas transmiten tanta alegría como la dignidad de una vida para la lucha por una sociedad más justa, más libre, más democrática, como la coherencia y la lealtad: la tristeza por su muerte no puede tapar la alegría por su vida. No mucha gente de las que ha pasado por determinados puestos de altura puede decir cuando muere que han dado más por la sociedad que lo que la sociedad les ha dado. Marcelino Camacho es uno de los pocos a los que ni doblaron ni doblegaron.
Cuando dejó el cargo se fue a vivir a Carabanchel para seguir luchando contra el poder (viul os contará más sobre la vida de Marcelino Camacho en Carabanchel). El poder agasaja, reblandece los caracteres, arrincona los principios… Baste echar una ojeada a otros que nunca supieron pasar a una segunda fila sin hacer notar que creían que la sociedad, la izquierda, el sindicato, el partido… les debía más de lo que les había dado hasta entonces; o quienes nunca pudieron bajarse a seguir teniendo el poder enfrente. Marcelino se fue a Carabanchel a su piso sin ascensor hasta que pasados los noventa años tuvo que mudarse. De sus ideas y de sus principios nadie le pudo mudar ni de su lealtad a los proyectos colectivos (Comisiones Obreras, PCE e Izquierda Unida) incluso cuando discrepara profundamente del rumbo con el que fueran conducidos: él estaba al servicio del colectivo para juntos luchar por otra sociedad, no para servirse. Por eso consiguió mantenerse en sus principios toda la vida y que uno de esos principios fuera el inicio de la Internacional: Agrupémonos todos.
Marcelino Camacho ha reunido todas las características que a uno, que no milita en el PCE, le hacen sentirse orgulloso de la compañía de quienes hoy siento también como mis camaradas. Los años de cárcel y exilio como castigo por su lucha por la libertad, la justicia y la democracia, de oposición al fascismo que amamantaba a sus crías que de mayores pretendieron dar lecciones de democracia. Y la dignidad de la militancia silenciosa, contra los desprecios, contra la prepotencia de los señoritos (incluso de los señoritos que se dijeron sindicalistas o de izquierdas). Son los valores de la izquierda, del sindicalismo, de la militancia política y no debe de ser fácil morir a los 92 años pudiendo decir que son los valores que le han guiado siempre.
Dicen que el tiempo pone a cada cual en su sitio. A Marcelino Camacho el tiempo le ha puesto como ejemplo de la dignidad y la entrega que ojalá pudiéramos siquiera rozar quienes tanto debemos a la izquierda española por gente como Marcelino Camacho. Gracias, Marcelino. Nos vemos en la lucha.

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