lunes, 4 de enero de 2010

CRISIS Y DECRECIMIENTO


Comenzamos este año escribiendo sobre un tema quizás antipático, -un término aparentemente negativo- que seguramente no es muy popular. El “decrecimiento”, es una filosofía que nos plantea que “es posible vivir con mucho menos, para vivir mejor”, o trabajar menos, para que tod@s puedan hacerlo. Mahatma Gandhi lo expresó de manera inmejorable: “Vivir sencillamente para que todos puedan, sencillamente vivir”.

Aunque la palabra “decrecimiento” se ha empezado a popularizar hace poco tiempo, el concepto no es del todo nuevo. Su precursor podría ser el rumano Georgescu-Roegen, pero se populariza en Francia por el 2002 de la mano de Serge Latouche, André Gorz y Jacques Ellul, y en España en 2006 con Taibo, Riechmann, Surroca o el reciente Robin de los bancos. Ahora, con una crisis sistémica, en la que ya no vale el “crecimiento sostenible” (claro oxímoron), es cuando parece que se toma en serio; y menos mal que grupos como ecologistas en acción, comunidades cristianas y algunos otros han empezado a situarlo en la agenda social, política y medio ambiental. Tanto la ciudadanía como los gobiernos, y por supuesto que los partidos, -al menos los de izquierdas- deberíamos ir incorporándolos en nuestras agendas y preocupaciones.
Ante la inédita crisis sistémica en la que nos hallamos no puede ser que la paguen quienes no la han provocado, ni vale la vieja falacia de que podemos salir sin un cambio de sistema, ya que el capitalismo se ha demostrado injusto, inviable e insostenible. Pero tampoco basta que tod@s revisemos nuestros niveles de consumo, que habrá que hacerlo, por aquello de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades planetarias (huella ecológica). Es imprescindible que se opere un cambio en el modelo productivo, en el trabajo, el transporte o la energía.
Por primera vez en la historia la tierra ha dicho ¡Basta!. Superamos en un 30% la biocapacidad del planeta y hay que replantearse nuestro sistema de vida pues, si ya hace tiempo que estaba claro que en un mundo finito, no podíamos crecer –y consumir-de manera infinita, ahora la única opción que nos queda es “decrecer”. Y cuanto mas tardemos en hacerlo y en rectificar, más hipotecaremos la vida de nuestras futuras generaciones.
¿Qué cómo podemos hacerlo? Es la pregunta del millón y simposios y seminarios habrán de ir abordándola. Pero aunque mas específicamente podamos tratar estas cuestiones mas adelante, queden aquí, algunas las alternativas que nos deben unir a los “objetores del crecimiento”:
+ En lo individual: Trabajar menos, para vivir más intensamente, mas tren convencional y menos AVE, apoyar las alternativas eco-bio-justo, reducir la huella ecológica, copiar la sabiduría de la naturaleza y los ecosistemas (biomímesis) o reivindicar el ocio frente al trabajo obsesivo.
+ En lo comunitario, favorecer las relocalizaciones, fomentar las cooperativas, recuperar el trueque, o promocionar el transporte público.
+ Y en lo político: cambiar la excesiva dependencia de las energías fósiles, reconvertir los ejércitos, reducir la industria armamentística (OTAN incluida), la automovilística, la aeronáutica o la del ladrillo, eliminar las políticas de transvases, o exigir un marco legal, que no meras declaraciones como las ultimas de Copenhague, que garantice políticas decrecentistas.

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