viernes, 10 de julio de 2009

Tras tantas de arena, Benedicto XVI da “una de cal”.



El Papa continúa la línea aperturista de la doctrina social de la iglesia, con una buena encíclica -heredera de la magnífica “Sollicitudo Rei Sociales” de Juan Pablo II- y que para mí confirma, como la Iglesia Católica es “Integrista” en lo moral, “conservadora” en lo político (hoy ultra conservadora), y “progresista” en lo social.

Tanto el diario “Público”, como “Religión Digital”, destacaban en sus primeras crónicas sobre la reciente encíclica de Benedicto XVI, “Caridad en la verdad…” su petición de la necesaria reforma de la ONU y del sistema financiero internacional. “Diario Crítico” se preguntaba si es un progre B-16, y hasta “El País” calificaba al papa de globalizado y de izquierdas.

Y la verdad no es que sea para tanto, pero sí es justo reconocer –y ya que siempre me dicen que soy de los que desde dentro, más leña le doy a este deshonroso seguidor de Pedro-, que en esta ocasión el pastor alemán nos ha dado la de cal. Y lo ha hecho brillantemente en la línea secular de una iglesia que en lo social, siempre fue más bien avanzada.

“Caritas in veritatis”, que así se llama esta encíclica social, no es que supere a sus dos predecesoras, la “Sollicitudo rei sociales” que Juan Pablo II promulgó el 30/12/1987”, ni la Populorum Progressio de Pablo VI de 20 años atrás, a la que esta última conmemoraba, pero tampoco puede decirse que no sea valiente, realista y progresista. ¡Ojalá! siguiera por este camino, y estuviéramos hablando del cambio o “metanoia” que necesitaba este Papa para retomar las riendas de una Iglesia que él y su curia romana “and cía”, estaban desprestigiando.

Son 127 páginas que recogen los pensamientos del Pontífice sobre la crisis mundial y sus posibles vías de salida. La idea central del texto es que para que la economía funcione correctamente es necesaria la ética, y todo ello lo expresa con categorizaciones como que:
• el mundo precisa de nuevas reglas y de un gobierno de la globalización que aspire al bien común
• hace falta una autoridad política mundial que se atenga de manera coherente a los principios de subsidiariedad y de solidaridad
• hay que pedir –y de hecho él la pide- una “urgente” reforma de la ONU y de la arquitectura económica y financiera internacional.
• los sindicatos deberían “instaurar nuevas sinergias a nivel internacional ” para afrontar la reducción de las redes de protección social, y
• las “finanzas, después de su mal uso, que han dañado la economía real” deben volver a ser un instrumento orientado al desarrollo.

En definitiva, destaca la crisis del capitalismo, denuncia el hambre y la injusticia en la sociedad globalizada, y pide la “urgente reforma” de Naciones Unidas, y, aunque sigue con su “tole tole” de la defensa de la vida y de la libertad religiosa, también carga con dureza contra los excesos del sistema capitalista, y reclama una globalización que tenga en cuenta el carácter humano de las personas y su dignidad.